Día Mundial de la lucha contra el Sida: “¿Por qué sobreviví?”

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Día Mundial de la lucha contra el Sida: “¿Por qué sobreviví?”
Imagen ilustrativa pixabay.com
Para la mayoría, un diagnóstico de VIH en la década de 1980 era una sentencia de muerte automática. Pero muchos sobrevivieron, como el alemán Gerhard Malcherek, que ha vivido con el virus durante más de 30 años.
"Al principio simplemente no quería saber si era VIH positivo", recuerda el alemán Gerhard Malcherek. "Fui al hospital y les rogué a los médicos que no me lo dijeran", cuenta. Pero lo hicieron, y las noticias fueron malas.

Ahora, Malcherek lleva una vida como la de muchos otros jubilados alemanes. "Cuando eres mayor, tiendes a mudarte al campo", dice al teléfono desde su casa en un pequeño pueblo a las afueras de Colonia. Allí disfruta de los largos paseos con su perro, hace trabajo voluntario y pasa tiempo con su pareja: una vida idílica para cualquier hombre de 68 años.

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Pero poder disfrutar de sus años otoñales nunca fue algo que Malcherek se imaginó. Fue diagnosticado con el virus de la inmunodeficiencia humana en 1986. Fue una de las primeras personas en la ciudad de Colonia en recibir el diagnóstico y desde entonces ha vivido con el VIH.

Los orígenes del VIH

El VIH es un virus que ataca a las células que ayudan al cuerpo a combatir las infecciones. Las personas con el virus se vuelven más vulnerables a otras infecciones y enfermedades, y si no se trata, puede provocar la enfermedad del Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), que es letal. Sin medicación, las personas con Sida suelen vivir unos tres años, según la Organización Mundial de la Salud.

La epidemia tiene orígenes confusos, pero se identificó por primera vez en Estados Unidos en 1981 entre hombres homosexuales. Debido a que el virus se transmite a través del intercambio de fluidos corporales, los hombres homosexuales que tienen sexo oral y anal sin protección aún corren un alto riesgo. Pero también las personas de cualquier sexo, edad u orientación sexual pueden infectarse, y en muchas áreas del mundo las mujeres heterosexuales jóvenes tienen estadísticamente más probabilidades de ser infectadas. Las altas tasas de infección también están relacionadas con los consumidores de drogas y los trabajadores sexuales.

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El virus se propagó rápidamente por todo el mundo y se convirtió en una de las peores epidemias de la historia mundial. Los efectos pueden ser graves y rápidos. En la década de 1980, un diagnóstico de VIH era "básicamente una sentencia de muerte", explica Gerhard Malcherek.

El VIH llega a Colonia

Antes de la reunificación alemana, Colonia era el corazón de la comunidad gay de Alemania Occidental. Malcherek fue uno de los muchos hombres homosexuales que fueron diagnosticados aproximadamente al mismo tiempo, pero eso no lo hizo sentir menos solo.

"Durante seis años entré en un tipo de caparazón", explica. "No salí, no hice mucho. Tenía un novio en ese momento que era VIH negativo, así que ya no teníamos relaciones sexuales, realmente vivíamos como una pareja de ancianos", recuerda riendo.

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Malcherek utilizó el medicamento antiviral AZT para combatir al virus, una pastilla que tenía que ingerir cada cuatro horas, día y noche, que según él le provocaba náuseas y "sabía a hierro en la boca, simplemente horrible". Además del agotamiento físico y otros síntomas, Malcherek tuvo que afrontar el estigma asociado a las personas seropositivas, que persiste en la actualidad.

"No le dije a todo el mundo para empezar", dice. "Pero comencé a ir a la Deutsche AIDS-Hilfe (el grupo de VIH / SIDA más grande de Alemania) y realmente me ayudaron. Antes de eso, estaba en un punto en el que simplemente no podía continuar", agrega.

En la organización, Malcherek conoció a otras personas con diagnósticos positivos, aprendió técnicas sobre cómo decirle lo que ocurría a personas como sus empleadores y cómo tener relaciones sexuales más seguras.

Fue presidente de AIDS-Hilfe Colonia durante 13 años, organizando eventos y asesorando a quienes viven con ese diagnóstico y visitando hospitales e instalaciones de atención. En la década de 2000, recibió la Orden del Mérito, uno de los más altos reconocimientos de servicio público de Alemania.

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Pero sus amigos seguían muriendo. "Un número realmente aterrador de personas murió", señala Malcherek, temblando al recordarlo. "Y, por supuesto, me seguía preguntando: ¿por qué sobreviví? Hay dos o tres de nosotros en Colonia que todavía estamos vivos hoy y sé que todos nos hacemos la misma pregunta".

Políticos solidarios

En Alemania, las tasas de infección son comparativamente bajas. Un poco más de 90.000 personas viven actualmente en el país con el VIH, según las últimas cifras del Instituto Robert Koch, publicadas el último noviembre. En 2019, se confirmaron 2.600 nuevas infecciones en Alemania, lo que supuso un ligero aumento con respecto al año anterior.

En la década de 1980, los gobiernos de Estados Unidos, bajo el presidente republicano Ronald Reagan, y el Reino Unido, bajo la primera ministra conservadora Margaret Thatcher, tardaron en ofrecer ayuda a los hombres homosexuales en los albores de la epidemia. Se culpaba a las víctimas por sus orientaciones y los líderes religiosos etiquetaron la enfermedad como un castigo divino a la homosexualidad. También en Alemania, algunos enfermos de VIH se enfrentaron a la estigmatización: "Había personas que eran intimidadas o discriminadas por sus caseros", recuerda Gerhard.



Con motivo del Día Mundial del Sida 2020, las autoridades sanitarias alemanas y activistas han iniciado una campaña contra la estigmatización, que también continúa en Alemania, aunque a un nivel inferior: la asociación de aseguradoras de salud privadas en Alemania presentó el resultado de una encuesta en la que uno de cada cinco alemanes admitieron tener reservas sobre compartir espacio de oficina con portadores del VIH.

"Tuve suerte, tenía un buen trabajo. Siempre podía obtener medicamentos con mi seguro de salud público. Cuando me enfermé de verdad, a principios de la década de 1990, me jubilaron de mi trabajo, a los 40 años. Mi jefe fue muy comprensivo", apunta Malcherek.

La pareja de Gerhard, que es estadounidense, se estableció en Alemania en parte debido a la mejor atención médica disponible para las personas VIH positivas.

Las cosas han cambiado en los años transcurridos desde el diagnóstico de Gerhard Malcherek: el VIH ya no es la sentencia de muerte que alguna vez fue en la mayoría de los países occidentales, pero sigue siendo una enfermedad agresiva y, a menudo, mortal en partes de África y otros países en desarrollo. En todo el mundo, hay 38 millones de personas que están luchando contra esta enfermedad.



Elliot Douglas

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