Condena a Sarkozy: nadie está por encima de la ley

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Condena a Sarkozy: nadie está por encima de la ley
Michel Euler/AP Photo/picture alliance
La condena contra el expresidente Nicolas Sarkozy es una señal contra la impunidad a la que estaba acostumbrada la clase dominante de Francia. Por lo tanto, esta decisión sirve a la democracia, opina Barbara Wesel.
No es que Nicolas Sarkozy vaya a estar en prisión junto a narcotraficantes o ladrones de automóviles. Si su condena se confirmara luego de ser apelada, podría pasarla cómodamente en su casa, con una tobillera de geolocalización.

Pasaron muchas cosas durante la era Sarkozy. Los franceses se divertían con los detalles de la vida amorosa del expresidente, pero sus malos manejos políticos salieron más tarde a la luz. Ahora, el expresidente francés fue condenado porque el tribunal da por comprobado que en 2014 sobornó a un fiscal general para obtener informaciones sobre un proceso judicial.

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La presidencia de los affaires
En esta historia hubo de todo un poco: teléfonos móviles descartables, espionaje telefónico, un puesto de lujo en Mónaco: las actas judiciales ofrecen material suficiente para un buen guión cinematográfico. Pero eso no es todo: en un juicio anterior en su contra, Sarkozy fue absuelto de la acusación de haber aceptado donaciones no declaradas de la heredera de L'Oréal, Liliane Bettencourt. Ese escándalo, empero, pesó sobre sus hombros durante años.

Y la Justicia francesa todavía no terminó con Sarkozy . Dentro de dos semanas comienza otro juicio por financiación ilegal de su campaña presidencial en 2007. El expresidente habría aceptado 50 millones de euros nada menos que del exmandatario libio Gadafi. Además, es investigado acerca de actividades como asesor para una empresa rusa, y también han surgido preguntas desagradables sobre la contratación de su primera esposa como empleada.

Sarkozy es el segundo expresidente condenado por un tribunal francés: en 2011 le tocó a Jacques Chirac, por malversación de fondos públicos, cuando era alcalde de París. Pero el juicio más espectacular fue el de François Fillon, que pagó durante años a su esposa como empleada, aunque esta nunca había trabajado. El proceso destruyó la carrera del candidato conservador a la presidencia, y abrió la puerta a la victoria de Emmanuel Macron.

El privilegio de sacar ventajas
Hace un par de décadas, todo era diferente. La acusación contra Valerie Giscarg d'Estaing, por ejemplo, de que había aceptado una bolsita de diamantes del dictador africano Bokassa, quedó en la nada. Y el hecho de que François Mitterrand llevó a vivir a su amante y la hija de esta a una vivienda del gobierno, donde estaban vigiladas por policías, fue, de algún modo, aceptado. Durante mucho tiempo, en Francia regían para la clase gobernante otro tipo de normas que para los ciudadanos. Eso fue un caldo de cultivo para la ira de los franceses.

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Sin embargo, desde hace algunos años, la Justicia persigue con cada vez más ahínco los delitos de la clase política, que antes eran barridos bajo la alfombra. También aumentó la expectativa de la opinión pública de que se realizara una persecución legal contra todo aquel que violara las leyes, grande o pequeño. Las antiguas camarillas en el poder ofrecen cada vez menos protección, y también la reciente serie de investigaciones por delitos sexuales contra figuras de la sociedad parisina indican un cambio de mentalidad.

Casi sin chances de regresar a la política
Naturalmente, juicios como el de Sarkozy albergan ciertos peligros. Él mismo siempre afirmó que todo era una caza de brujas. Y es posible que este tipo de procesos contra políticos sea instrumentalizado por la contraparte. Pero entonces lo que se debe probar es cuán objetiva e independientemente opera en realidad la Justicia.

Para el expresidente Sarkozy, esta condena es un duro golpe. Se dice que estaría planeando su regreso a la política a comienzos de 2022, ya que los conservadores todavía no tienen un candidato para las presidenciales. Si bien, formalmente, Nicolas Sarkozy podría presentar su candidatura, le resultará difícil hacer campaña habiendo sido condenado. Claro que puede seguir tirando de los hilos dentro del partido. Sin embargo, este veredicto en su contra es una señal de que, en Francia, nadie está por encima de la ley. Y justamente por eso es una señal importante hacia los frustrados y desilusionados franceses.

(cp/ers)

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Barbara Wesel

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