Activistas climáticos arriesgan sus vidas contra un gran proyecto ferroviario británico

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Activistas climáticos arriesgan sus vidas contra un gran proyecto ferroviario británico
Imagen ilustrativa pixabay.com
En un intento de detener el proyecto de tren de alta velocidad, activistas acampan en un precario y estrecho túnel. El gobierno considera que la línea HS2 es esencial para alcanzar los objetivos climáticos.
Bajo la estación londinense de Euston, la activista climática Blue Sandford se encuentra encadenada por el tobillo en un túnel excavado ilegalmente. El túnel, de cuatro metros de profundidad y 30 de largo, está húmedo, embarrado, y apuntalado por andamios de madera. En algunos lugares el espacio apenas permite tumbarse boca abajo. La joven de 18 años se resiste a que las autoridades británicas intenten sacarla a ella y a otros manifestantes.

Al amparo de una tienda de campaña, los activistas de "Stop HS2” han pasado dos meses cavando en secreto el túnel con palas y cubos antes de hacer pública la acción y atrincherarse el 27 de enero. Protestan contra el proyecto ferroviario británico High Speed 2 (HS2), que implica la tala de bosques ancestrales para construir vías y otras infraestructuras. Las obras también supondrían la transformación de los jardines de Euston Square Gardens, un parque situado frente a la estación, según los manifestantes.

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"Estamos en grave deuda, más bien todo el mundo, en términos de carbono, gas y metano. Tenemos que empezar a plantar árboles, no a cortarlos”, critica Sandford, hablando por teléfono con DW desde el túnel.

Cuatro de los activistas, entre ellos el hermano de Sandford, Lazer, han sido expulsados a la fuerza o se han marchado voluntariamente. Lazer introdujo su brazo en una tubería de acero revestida de hormigón, que tuvo que ser perforada, para dificultar su desalojo. Por lo menos quedan otros tres activistas. Se teme que el pasillo improvisado pueda derrumbarse. Para los manifestantes hay mucho en juego porque esta acción representa una lucha más amplia para detener el cambio climático.

"Estoy aquí porque nos enfrentamos a un colapso social, a guerras, hambrunas y sequías a una escala sin precedentes, y estoy realmente aterrorizada por mi futuro”, relata Sandford en un mensaje grabado antes de que llegaran las autoridades.

¿Revolución verde o pesadilla de carbono?
La línea HS2 es el nuevo gran proyecto ferroviario del Gobierno británico que pretende conectar la capital, Londres, con ciudades del norte como Manchester. Tras años de retrasos, la construcción comenzó finalmente en septiembre de 2020.

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La línea HS2 permitirá que los trenes de alta velocidad viajen por sus propias vías, liberando así la red ferroviaria existente para servicios de cercanías. El objetivo es reducir el tráfico automovilístico. La HS2 afirma que sus trenes permitirán realizar viajes a través del país con unas emisiones siete veces menores que las de los coches. Asimismo, se transportarán mercancías, reduciendo los viajes contaminantes de los camiones.

Gareth Dennis, defensor del transporte sostenible e ingeniero ferroviario independiente, cree que el proyecto es una parte importante del plan británico para reducir las emisiones del país y que está siendo injustamente desacreditado.

"No oímos nada sobre todas las autopistas y carreteras que se están construyendo en todo el país y que están causando enormes daños adicionales. En estos momentos hay buldóceres, excavadoras, tala de árboles, sin que nadie esté cavando una complicada red de túneles en señal de protesta”, critica Dennis.

Un punto de controversia es el tiempo que tardarán los viajes más ecológicos en compensar las emisiones derivadas de la construcción y el funcionamiento de la HS2. Según una estimación realizada en 2019 por la propia comisión gubernamental, Oakervee Review, podrían ser necesarios hasta 60 años.

Los Parrales


Adam Turner es miembro de Greens4HS2, una fracción del Partido Verde que apoya el ferrocarril eléctrico de alta velocidad para lograr un futuro de carbono neto cero, en contra de la línea oficial del partido que se opone a la HS2. Señala que aunque 60 años no es lo ideal, el Reino Unido debe pensar en el panorama general. Cero emisiones significa lograr un equilibrio entre los gases de efecto invernadero que se bombean a la atmósfera y los que se eliminan.

Según un análisis de Greens4HS2, esta cifra podría reducirse a 28 años "si el gobierno consigue que la gente abandone el avión y el coche y se suba en masa al tren”, añade Turner.

Los manifestantes, por el contrario, afirman que se tardará mucho más, ya que consideran que las estimaciones están sesgadas a favor de la HS2 y no tienen en cuenta el creciente impacto de los coches eléctricos de emisiones cero.

Bosques ancestrales
El núcleo emotivo del debate se centra en la tala de bosques ancestrales para dar paso a las nuevas vías.

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Penny McGregor, una agricultora inglesa, vio cómo un bosque local cerca de Birmingham fue tomado por la HS2 y parcialmente talado en 2020. Según McGregor, ha sido duro presenciar la destrucción de la zona, que la comunidad local consideraba como un santuario de anémonas silvestres, donde se podía disfrutar del canto de los pájaros.

"Fue muy traumático”, recuerda McGregor. "Podía oír las motosierras cada mañana desde mi casa. Fue horrible. La gente que estaba en los senderos decía que podía oír cómo se derrumbaban los árboles”.

Los críticos de la HS2 señalan que el 13 por ciento del Reino Unido es bosque, frente a más del 35-40 por ciento en la UE, y que la destrucción de bosques ancestrales para el proyecto es inaceptable.

La ONG conservacionista británica Woodland Trust calificó la HS2 de "devastadora”, afirmando que el proyecto amenaza hábitats únicos y especies silvestres raras y en peligro de extinción, y que agravará la crisis de la biodiversidad del Reino Unido.



Los principales partidos de la izquierda y la derecha de la política británica, incluidos el Partido Verde y el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés), también han hecho campaña contra la HS2 debido a su costo e impacto medioambiental. En 2019, el Partido Verde calificó el proyecto como un acto de "ecocidio” que reduciría los ecosistemas a la mitad.

Pero los defensores del proyecto de alta velocidad piden más perspectiva, afirmando que solo se han visto afectados 43 de los 52.000 bosques antiguos, y que la HS2 planea plantar siete millones de árboles nuevos para compensar las emisiones de carbono, todos ellos especies autóctonas elegidas especialmente por un vivero líder en el Reino Unido.

El proyecto solo afecta a una pequeña fracción de la población arbórea del Reino Unido, pero es necesario para reducir las emisiones, según Adam Turner.

"Si no lo construimos, Gran Bretaña no alcanzará las cero emisiones. Y si no logramos las emisiones cero, no solo nos despediremos de un corredor forestal, sino de bosques antiguos de todo el mundo. Eso es lo que está en juego”, señala Turner.



No hay marcha atrás
Por el momento, ni la HS2 ni los manifestantes ceden. La primera fase de la línea, que unirá Londres con Birmingham, estará lista en 2031, y la segunda fase, hasta Manchester y Leeds, en 2040.

Los activistas advierten que habrá más protestas en los túneles. Blue Sandford sigue en el túnel y podría ser procesada por su participación en las protestas, pero dice que apenas tiene otra opción.

"No quiero tener tanto miedo como para tener que arriesgar mi vida. Pero siento que no tengo otra opción”, dice. "Votar no ha funcionado. Las cartas a los diputados no han funcionado. Esto es lo único que puedo hacer”, concluye.

(ar/ers)



Dan Ashby, Lucy Taylor

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