Los archivos de FinCEN: ¿son las sanciones inútiles?

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Los archivos de FinCEN: ¿son las sanciones inútiles?
Imagen ilustrativa pixabay.com
Las sanciones son populares, sobre todo en EE. UU., pero los archivos de FinCEN demuestran que las sanciones se pueden eludir con energía delictiva y la ayuda de los bancos.
Estados Unidos dio el primer paso cuando el gobierno de Siria reaccionó cada vez con más brutalidad contra su propio pueblo. El presidente Barack Obama impuso sanciones a los representantes del régimen en abril de 2011. La UE hizo lo mismo poco después: bloqueó el acceso del régimen a armas, materias primas y al mercado financiero internacional.

De rublos a dólares, de dólares al arte
Estas sanciones selectivas son la herramienta para presionar a los déspotas. Pero ¿funcionan? Siempre hubo dudas al respecto. Los archivos de FinCEN vuelven a mostrar que las sanciones pueden eludirse con la ayuda de los bancos adecuados y una red de empresas fantasma.

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Los filtrados informes secretos de los bancos a la Red de Control de Delitos Financieros de Estados Unidos revelan, por ejemplo, que una persona muy cercana a Vladimir Putin, Arkady Rotenberg, habría depositado dinero en el banco Barclays de Londres a través de una empresa llamada Advantage Alliance, a pesar de las sanciones de Estados Unidos y la UE. Con ese dinero habría comprado luego obras de arte, entre ellas una del surrealista René Magritte, avaluada en 7,5 millones de dólares.

Los equipos de investigación de FinCEN, incluidos periodistas de Buzzfeed News, NDR, WDR y Süddeutsche Zeitung, también sacaron a la luz que el British Standard Chartered Bank habría ayudado a los clientes con transacciones prohibidas con Irán. De 2013 a 2017, el banco habría burlado las sanciones de Estados Unidos, permitiendo la transferencia cientos de millones de dólares estadounidenses.

Y, según los archivos de FinCEN, también es probable que las sanciones contra Siria se hayan eludido: el Bank of New York Mellon habría transferido 224 millones de dólares, como banco corresponsal, de una empresa con sede en Malta, llamada Petrokim. Se tratarían de transacciones que podrían haber beneficiado a las personas que estaban en la lista negra, en el marco de las sanciones contra Siria.

Responsabilidad del banco
¿Por qué las autoridades gubernamentales no logran evitar esto? "Simplemente no hay suficiente personal en (los departamentos de) las autoridades responsables. No pueden investigar todos los casos", dice Sascha Lohmann, de la Fundación de Ciencia y Política de Berlín. El politólogo, del grupo de investigación America, ha dedicado mucho tiempo a la oficina estadounidense FinCEN.

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El gobierno de EE. UU. ha obligado a todos los bancos del país a informar de los casos sospechosos y puede ordenarles que solo ofrezcan ciertos servicios limitados a determinados bancos extranjeros, como cuentas corresponsales, o que se los nieguen por completo. Por tanto, son los bancos los que se enfrentan a sanciones si cometieron infracciones. El investigador indica que la idea es que los propios bancos concluyan que ciertas regiones y ciertos socios comerciales son tan peligrosos, que es mejor mantenerse alejados de ellos.

En muchos casos funciona, por lo que "en principio sorprende ver cuántos socios comerciales rusos de políticos cercanos al Kremlin, que están en listas negras en Europa o Estados Unidos, todavía pueden mover dinero de un lado a otro", subraya.

Entre el miedo y la codicia
Los archivos de FinCEN no sorprendieron en cambio a Saskia Rietbroek. Como directora de la "Asociación de Especialistas Certificados en Sanciones", asesora a bancos y otras empresas que buscan ayuda para cumplir con la normativa relativa a las sanciones. "Estos no fueron los primeros y no serán los últimos bancos involucrados en evitar sanciones", dice Rietbroek a DW.

Los empleados del banco, responsables de observar las reglas en los departamentos de supervisión, hacen todo lo posible para asegurarse de que se cumplan. "Quieren hacer lo correcto, al menos eso es lo que yo experimento con nuestras empresas. Creen en su importante papel en la lucha por los intereses de seguridad nacional y contra el terrorismo", afirma. Pero, al otro lado, hay banqueros que buscan ganancias. "Es una batalla constante entre los intereses comerciales y el cumplimiento", asegura Rietbroek. "Los bancos viven entre el miedo y la codicia", subraya.

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Pelando la cebolla
Rietbroek también señala que cada vez es más difícil cumplir con las reglas relativas a las sanciones. "Hasta hace unos años solo se trataba de Corea del Norte y Cuba. No se podía hacer negocios con ellos y eso se mantenía así", dice. Sin embargo, estas sanciones de base amplia afectan principalmente a la población y menos a los gobernantes. Por lo tanto, durante varias décadas, la ONU, EE. UU. y la UE, en particular, han estado utilizando las llamadas sanciones selectivas, dirigidas sobre todo a determinadas personas.

"Si miras a Rusia hoy, por ejemplo, hay muchos oligarcas con diversos intereses comerciales en las listas", dice Rietbroek. "Y no se puede simplemente cerrar todas las cuentas. Se tiene que comprobar qué es legal y qué está prohibido", afirma.

Si un banco sospecha que un cliente está haciendo algo ilegal, este tiene que investigar más a fondo. "Pero a veces es como pelar una cebolla. Se analiza a las empresas ficticias capa por capa. He visto diagramas que muestran las conexiones entre las empresas de papel y las personas: eran tan grandes como manteles", explica. Esta tarea requiere mucho tiempo y experiencia. No todos los bancos están preparados para ello. "A veces se le dice a la gente: si no puedes encontrar nada a primera vista, déjalo pasar", aclara.

Hasta ahora, estas infracciones se han castigado en su mayoría con multas. Sin embargo, si algo tiene que cambiar de verdad, entonces los funcionarios bancarios tendrían que ir a la cárcel por infringir deliberadamente las reglas. Y la experta no se refiere a los auditores de los bancos. "En la mayoría de los casos, las personas a nivel gerencial son las que los presionan".

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(rmr/ers)

Peter Hille

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