Refugiados sirios intentan escapar ahora de la crisis libanesa

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Refugiados sirios intentan escapar ahora de la crisis libanesa
DW/S. Schweikle
Crisis económica, protestas y la devastadora explosión que estremeció a Beirut en agosto: muchos refugiados sirios temen por su supervivencia en el Líbano.
Su rostro refleja agobio y desesperación. ”Escapamos de la muerte en Siria; y ahora la muerte nos persigue aquí, en el Líbano", dice Mohamed Khoury. Y afirma que su mayor deseo es dejar Beirut.

El joven de 18 años comparte un departamento en un sótano con su hermano y su familia. La vivienda en que habitaba antes fue destruida por la gran explosión que devastó parte de Beirut.

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Mohamed viene de un pequeño pueblo del noreste de Siria. Con 14 años de edad emprendió la peligrosa huida, escapando de la guerra, y terminó en el Líbano.

Vivir con miedo permanente
Hace ya cuatro años que Mohamed vive en Beirut, sin un status legal, y con el permanente temor de tener que regresar a su patria. Varias veces fue detenido por autoridades locales e interrogado. Una vez fue encarcelado.

Mohamed Khoury es uno de los cerca de 1,5 millones de refugiados sirios que se estima que hay en el Líbano, el país que más fugitivos ha acogido en proporción al tamaño de su población. Pero la situación de los refugiados es muy precaria, no solo desde la explosión ocurrida en Beirut. Desde el estallido de la crisis económica en el otoño de 2019, la moneda se ha devaluado fuertemente, muchos negocios han tenido que cerrar y miles de libaneses han perdido su trabajo.

El desafío de sobrevivir
De acuerdo con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en el Líbano prácticamente no hay en la actualidad recursos disponibles para ayudar a los refugiados. Más de un 75 por ciento de ellos vive en extrema pobreza. "El mayor desafío de los refugiados consiste de momento simplemente en sobrevivir”, die Dalal Harb, de ACNUR.

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También Mohamed quiere sobrevivir. ”Pero, si me quedo en el Líbano, me voy a morir de hambre; y si vuelvo a Siria, temo ser tomado prisionero por el ejército sirio”, dice. Por eso, el joven busca un futuro en otro lugar y planea desde hace semanas su huida a Turquía.

Para ello, sin embargo, Mohamed tendría que atravesar territorio sirio, cosa que lo asusta. Sabe, por lo sucedido con otros que han huido, que expondría su vida a un gran peligro. "Algunos de mis amigos han desaparecido en la huida, otros no. Simplemente espero ser uno de los que no desaparezcan”, afirma, sonriendo con amargura.

Estudiar y no mendigar
Mohamed no es su verdadero nombre. Usa un seudónimo, porque teme por su vida. Su temor ha aumentado más aún desde la explosión de 2.750 toneladas de nitrato de amonio en el puerto de Beirut. Ese 4 de agosto sufrió solo algunas heridas leves, pero perdió su vivienda y su trabajo. Desde entonces, carece por completo de ingresos.

Añora una vida digna y por lo menos un relativo bienestar. "Soy joven; quiero estudiar y no mendigar”, dice. Se siente desamparado y abandonado en el Líbano.

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De acuerdo con ACNUR, tan solo en Beirut viven más de 200.000 refugiados. No solo Mohamed, sino también otros, como el sirio Ghassan al-Rabii, planean huir.

Al-Rabii y su familia, integrada por cinco personas más, vive desde 2013 precariamente, en una habitación en Beirut. Si hija Batul, de 12 años, padece diabetes y síndrome de Down. El padre dice que ella no habría tenido ningún futuro en Siria, donde falta electricidad, asistencia médica y seguridad. Es otra de las razones por las que la familia escapó.

Cada vez peor
Pero tampoco en el Líbano podrían sobrevivir sin ayuda. De ellos se ocupa una organización asistencial cristiana, la "Federazione delle Chiese Evangeliche in Italia" (FCEI).

Hani Alagba trabaja en la FCEI y también advierte que cada vez más familias sirias caen en la pobreza. "En el curso del último año la situación ha empeorado mucho, las ONG tienen grandes dificultades para dar ayuda a los refugiados”, señala.

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La crisis económica empeoró las condiciones del mercado laboral y los trabajadores sirios se ven confrontados a veces con condiciones indignas, o incluso con discriminación u hostilidad. La relación con los lugareños ha empeorado, lamenta Ghassan al-Rabii. Pero el y su familia han tenido suerte. La organización italiana que los asiste pudo conseguir una visa de Francia para la familia, que ahora mira con más confianza hacia el futuro.

Distinto es el caso de Mohamed, que tendrá que ahorrar dinero para osar una huida rumbo a Turquía.

(er/cp)

Sina Schweikle



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