Perú levanta el tapete y emerge una pandemia ingobernable

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Perú levanta el tapete y emerge una pandemia ingobernable
© REUTERS / Sebastian Castaneda
Desde que Pilar Mazzetti asumió como nueva ministra de Salud de Perú, el 15 de este mes, pareciera que los casos de COVID-19 de han disparado y que el país afronta una nueva y temible ola de contagios ¿Pero es esto realmente así?

Su antecesor, Víctor Zamora, entre varias críticas a su gestión, recibía una insistente: la realidad de la pandemia que se vivía en las calles y hospitales distaba mucho de estar reflejada en las cifras de muertos y contagiados aportadas por el Gobierno de Martín Vizcarra.



Aunque el exministro se defendió en su momento alegando que si había un subregistro este se debía, principalmente, al deficiente sistema de recolección de información y al protocolo que debe seguir el Ministerio de Salud (Minsa) para considerar a un muerto como víctima de COVID-19.
Sin embargo, la sensación en los peruanos de que había engaño era cada vez más fuerte, sumado a que las direcciones regionales de salud y el Colegio Médico denunciaban una mortalidad y tasas de infección más elevadas que las manejadas por el Minsa.

Yo acepto
Antes de asumir la cartera de Salud, Mazzetti fue la jefa del Comando Covid, grupo de profesionales encargados de articular acciones contra la pandemia entre el sistema sanitario público civil, la sanidad de la Policía y Fuerzas Armadas y el sistema privado de salud.

Desde ese puesto, Mazzetti siempre aceptó de manera frontal la probabilidad de que exista un subregistro. Una vez nombrada ministra, su política se ha decantado a dejar de defender las cifras benévolas del Minsa y anunciar que sí, en efecto, el subregistro existe y su gestión se iba a empeñar en dar las cifras reales, por más dolorosas que estas sean.
Desde un punto de vista tanto sanitario como político, esta fue una movida efectiva y ciertamente acertada. El pueblo sabe que la situación es crítica y no desea autoridades que le digan que todo está bien cuando la realidad diaria parece indicar lo contrario.

Se podría decir que Mazzetti logró neutralizar a los enemigos políticos del Gobierno con la mejor arma: la verdad. Y en su estilo frontal y sincero ha dejado poco margen ya a la crítica, al menos en lo que concierne al asunto de las cifras.



"Les podemos decir para el día de hoy, de acuerdo al trabajo rutinario que hacemos, que tendríamos 13.767 personas fallecidas y a estas vamos a añadir 3.688 más. Con esto, el desfase (subregistro) que teníamos de información se está cubriendo hasta el mes de junio", dijo la ministra el 22 de julio, en su primer anuncio de que las cifras estaban en camino a sincerarse.

Sumar 3.688 muertos de un día para otro, cuando el promedio estaba en 180 nuevos decesos diarios, cayó bien. Digamos que al fin los peruanos iban camino a conocer la verdad y no sólo por una cuestión ética sino también porque, lo tienen presente, contar con cifras reales permite un manejo mejor de la crisis: prever cuántos medicamentos más se van a necesitar, cuántos más médicos, cuánto más oxígeno; todo depende de cuán grave o aliviada sea tu situación.
Sin embargo, los peruanos no estaban completamente satisfechos, pues más allá de tener cifras que se condecían mejor con la realidad, exigían saber las razones por qué las cosas no se manejaron así desde el principio o de dónde salían esos nuevos muertos. La ministra explicó que el Minsa tenía protocolos según los cuales un deceso por COVID-19 sólo era considerado como tal si la víctima contaba con una prueba positiva previa, además de señalar la demora en la llegada de la información desde las zonas más remotas del país.

No hay rebrote
El miércoles 29 y el jueves 30 de julio, Perú ha experimentado dos cifras récord de nuevos contagios, llegando actualmente a 407.492 infectados en total. En cuanto al número de muertes, actualmente se registran 19.021.

Frente a esta estadísticas, Mazzetti declaró el 30 de julio: "Todavía no podemos decir que hay un rebrote de casos de COVID-19, aunque hay una discreta tendencia hacia arriba"; descartando una segunda ola en la pandemia.



Sin embargo, y a pesar de la política tendiente a la verdad brutal, Mazzetti a veces genera desconcierto con sus estimaciones: el 27 de julio declaró que las muertes por el virus estarían cercanas a las 25.000, para dos días después afirmar que estarían cercanas a las 43.000.
A esta última cifra llegó calculando la data oficial, a la que sumó 8.000 decesos por "sospecha médica" de COVID-19 y 19.000 víctimas más recogidas del Sistema Informático Nacional de Defunciones. A pesar de sus explicaciones, persiste la sensación de que es necesario mayor orden, o que aun cuando ha habido un sinceramiento, este podría ser aún más preciso y cierto.

A la fecha, la funcionaria ha declarado que las cifras no serán dadas a diario para evitar subregistros, y que el número exacto de fallecidos será posible conocerlo una vez finalizada la pandemia y se hará así esto no sea agradable, transmitiendo una relación natural con la muerte, efecto que la población ya viene experimentando desde hace tiempo.

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