El derrame de combustible en el Ártico ruso: cómo Moscú gestiona el desastre ecológico

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El derrame de combustible en el Ártico ruso: cómo Moscú gestiona el desastre ecológico
© Sputnik / Servicio de prensa del goberandor de la región de Krasnoyarsk
El 29 de mayo se produjo un derrame en un tanque con combustible en la planta de cogeneración TETs-3 de la ciudad de Norilsk. Como consecuencia, cerca de 21.000 metros cúbicos de diésel se vertieron del depósito y una parte significativa acabó contaminando ríos cercanos. Sputnik relata cómo Rusia lidia con uno de sus peores desastres ecológicos.

La superficie afectada por el derrame es grande y se cifra en 180.000 metros cuadrados. La escala de este desastre se debe al hecho de que una gran parte del combustible acabó en un arroyo pequeño y, luego, en el río Ambárnaya. Ahora la concentración de agentes contaminantes en las aguas locales es enorme y supera la norma decenas de miles de veces. El principal problema con la gestión del incidente es que una parte de dichos agentes se deposita en el fondo de los ríos contaminados.



Según los datos del Servicio Federal para la vigilancia del medio ambiente, el daño puede cifrarse en centenares de millones de dólares. Las autoridades ya abrieron varios casos penales contra los implicados, entre ellos, el responsable del estado del tanque en la instalación de la empresa Nornickel, donde se produjo el derrame. Los representantes de la compañía defienden que los soportes del tanque que se derramó sucumbieron a causa del calentamiento global, que derrite el permafrost ártico.
Pero estas parecen ser excusas porque hay información que indica que en los años 2017 y 2018 el Servicio Federal para la vigilancia en el ámbito ecológico, tecnológico y nuclear determinó que había violaciones en la integridad de los depósitos del combustible en la planta TETs-3. Los especialistas del servicio indicaron la existencia de estas violaciones a la empresa subsidiaria de Nornickel que gestionaba la planta. En general, encontraron 33 violaciones en el estado de los tanques, informa el medio ruso RBC.

Los tanques con combustible se encontraban en un estado deplorable y como resultado el incidente tuvo lugar dos años después: se produjo el derrame. Según señalan los expertos, esta situación afecta no solo a la ecología de la zona, sino también a la población que vive en el área, porque depende de los recursos acuáticos que han sido contaminados con el combustible diésel.
El tiempo es dinero
Alexandr Uss, el gobernador de la región de Krasnoyarsk —donde tuvo lugar el incidente— tardó en informar al Gobierno ruso y al presidente, Vladímir Putin, sobre lo que ocurrió en dicha instalación. El dirigente ruso quedó muy decepcionado cuando se enteró de los detalles del incidente y sobre el tiempo perdido. Señaló que las autoridades deben recibir la información sobre emergencias en sus regiones cuanto antes.

Lo más importante en este caso es que el tiempo que las autoridades locales podrían aprovechar para evitar las consecuencias graves del incidente lamentablemente fue perdido. Podrían haber detenido la propagación del agua contaminada por un vasto territorio. Cuando la gravedad de lo ocurrido se hizo evidente, el presidente anunció que se trataba de una emergencia federal, y los especialistas del Ministerio de Emergencia ruso (Emercom) se dirigieron a la zona contaminada.
Dos días después de que el Gobierno se hiciese cargo del desastre, el Emercom logró detener la propagación de la contaminación de combustible diésel, anunció el ministro de Emergencias ruso, Evgueni Zinichev, en una conferencia presidida por Putin. El alto funcionario precisó que los especialistas del Ministerio instalaron barreras de contención en los ríos por los que se propagó el combustible.

Hasta ahora se han logrado recolectar unas 200 toneladas del combustible gracias a los esfuerzos de los especialistas del Emercom, lo que ni siquiera corresponde al 2% del volumen total de diésel que se ha derramado del tanque. En otras palabras, gestionar las consecuencias del desastre puede durar muchas semanas o más. Entretanto, hay expertos que aseveran que la restauración del balance ecológico en el área puede durar más de diez años.
El jefe de la empresa Nornickel, Vladímir Potanin, señaló que los trabajos de descontaminación se cifrarán en más de 150 millones de dólares, según reveló al responder a la pregunta de Putin sobre el coste de contener la catástrofe. Además, prometió que se emplearán las mejores tecnologías para limpiar el área contaminada.



Putin, por su parte, enfatizó que el derrame no se habría producido si los tanques hubieran sido reemplazados de manera oportuna. El dirigente del país también llamó al jefe de la empresa a analizar esta situación meticulosamente.
Consecuencias duraderas
Rashid Ismaílov, presidente de la Sociedad Ecológica Rusa, reconoció que es pronto para hablar de tecnologías específicas para minimizar las consecuencias del derrame de combustible, ya que la situación todavía se encuentra en una etapa de pruebas de aguas y terreno.

"Los rescatistas rusos hacen todo lo posible para mitigar los efectos dañinos de la contaminación y no hace falta pedir la ayuda de los voluntarios porque en la zona de desastre deben trabajar solo los profesionales", precisó.
Asimismo, el experto relató que desde su punto de vista los trabajos de descontaminación en la zona no van a durar semanas, sino años. Esto se debe al enorme volumen del combustible derramado y a que el área afectada es enorme. También confirmó que el diésel es un combustible pesado, que se deposita en el fondo de los ríos y que se acumula en el terreno. El entrevistado calificó la gravedad de la situación de "seria".

Los pueblos autóctonos de la zona no serán capaces de pescar durante mucho tiempo. Hasta el punto de que es posible que no puedan volver a practicar sus actividades tradicionales durante muchos años. Los recursos pesqueros de una zona mayor, que incluye muchos lagos cercanos, también sufrirán el desastre porque los peces no serán capaces de reproducirse. Además, es posible que sufra otra ocupación tradicional de la población indígena: la cría de renos, agregó.
El entrevistado recordó que no es el primer incidente de este tipo y, destacó, "no el último". En 2016 hubo un incidente de menor escala cuando las aguas en la zona se tiñeron de rojo también por culpa de Nornickel.

En cualquier caso, no cabe duda de que las autoridades federales no harán caso omiso a las violaciones repetitivas de las normas de la seguridad industrial en las instalaciones de Nornickel y de que la empresa va a pagar un precio muy caro por lo ocurrido.



Mientras tanto, no se podrán evitar las consecuencias para el medio ambiente, que serán duraderas: la ecología de esta parte de la zona ártica va a necesitar mucho tiempo para volver al estado previo al incidente.

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