Por qué las islas del Pacífico quieren independizarse

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Por qué las islas del Pacífico quieren independizarse
Los papúes han protestado contra el racismo en Indonesia y piden mayor autonomía picture-alliance/AP Photo/Burhan
Los movimientos secesionistas ganan fuerza en el Pacífico. Son zonas que comparten una historia colonial, la represión de las minorías y los intereses geopolíticos externos.

Bougainville, una isla de solo 250.000 habitantes, pertenece a Nueva Guinea, pero puede que no por mucho tiempo. Este pequeño territorio insular del océano Pacífico acaba de celebrar un referéndum de independencia y, de acuerdo con los expertos, se espera que la mayoría haya votado a favor de la opción secesionista en esta consulta no vinculante. Los resultados se harán públicos a lo largo de este mes.



Si bien han sido movimientos independentistas como el de Escocia o Cataluña los que han copado los titulares en Europa en los últimos años, los secesionismos están mucho más extendidos actualmente en Oceanía. Timor Oriental, anexionado previamente por Indonesia, fue el primer país de la región en ganar la independencia en el siglo XXI.

"Hay una cosa que une a todos los Estados insulares del Pacífico: principalmente su pasado colonial”, dice Hermann Mückler, profesor de antropología social y cultural de la Universidad de Viena. Algunos Estados, añade, incluso fueron colonizados por más de una potencia. Holanda, Australia, Alemania, Japón, España, Portugal, Francia, Estados Unidos. Prácticamente todos los actores globales colonizaron algo en la región suroccidental del Pacífico.

Los Estados pacíficos siguen siendo dependientes

Hasta hoy, Oceanía sigue siendo de especial relevancia geopolítica para potencias como Estados Unidos o China. Washington estuvo especialmente interesado en expandir su influencia regional durante la Guerra Fría. En la actualidad, sin embargo, ambos poderes están compitiendo por la región. La estrategia de Pekín es abrir sin fin el grifo de los préstamos. Pero algunos de estos países reconocen a Taiwán como una nación independiente, pese a que China lo considere como parte de su territorio. Y esta cuestión es imposible de digerir para el gigante asiático.



El pasado colonial de la región pacífica y su importancia geopolítca han provocado conflictos y relaciones de dependencia, como ilustra el caso de Chuuk, uno de los cuatro estados que forman la federación de Micronesia. Chuuk, con una población de solo 49.000 habitantes, lleva intentando alcanzar la independencia desde 2015. Su referéndum ha ido siendo postergado una y otra vez. Por ahora está previsto para marzo de 2020. No obstante, Chuuk depende de los millones de dólares que EE. UU. paga por mantener sus bases militares allí. Si se independiza, Washington guardará la cartera.

Mückler dice que, además de esto, la región no tiene independencia económica. "Todos estos Estados insulares apenas pueden mantenerse por sí mismos. Cualquier cosa que produzcan es muy difícil de vender debido a los altos costes de transporte que van asociados. Por eso, en la práctica, estos Estados siguen siendo dependientes de países más grandes a pesar de que la era colonial haya terminado”.

Minorías hostigadas

Pese a ello, muchos anhelan la independencia. Un factor importante para entender esto es que no son pocos los grupos étnicos que sienten que sus derechos no están siendo respetados, lo cual quedó claro en Papúa Occidental, la mitad oeste de la vasta isla de Nueva Guinea. Un área, además, rica en recursos naturales, particularmente en cobre.



Después de la etapa colonial, Papúa Occidental se integró a Indonesia, un país de mayoría musulmana. La minoría cristiana local ha sido objeto de una violenta campaña en su contra. "Allí se está produciendo una guerra civil (por los derechos papúes), por lo general ignorada por la comunidad internacional”, subraya Mückler. Las posibilidades de que Indonesia conceda la independencia a esta región rica en recursos son mínimas, añade.

¿Qué tienen en común los movimientos independentistas?

En Oceanía, la combinación de un legado colonial, los intereses geopolíticos y el hostigamiento hacia las minorías han servido como caldo de cultivo para el surgimiento de numerosos movimientos secesionistas. Pero Mückler aclara que esto no puede aplicarse a otros independentismos del mundo, ya que cada uno es único. Algunos emergen de conflictos actuales, mientras que otros se remontan a las fronteras dibujadas de forma arbitraria en la época colonial, es decir, varias siglos atrás.

Mückler explica que los movimientos independentistas de Oceanía podrían "servir de ejemplo” si logran alcanzar un equilibrio entre el repeto de las dependencias regionales y el matenimiento de su identidad cultural. Sin embargo, en su opinión, "ahora mismo no parece que vayan a conseguirlo”.



"Muchos movimientos independentistas globales existen por una buena razón”, incide Mückler, pero agrega que a menudo son secuestrados por un líder carismático. Esto, cree él, solo lleva a que las viejas dependencias sean sustituidas por otras nuevas, sin traer la libertad y la independencia que es en lo que sus simpatizantes habían depositado sus esperanzas.

(eal/mn)

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