Perú profundiza incertidumbre con nuevo intento para destituir a Kuczynski
Lima - Perú profundizó hoy su período de crisis e incertidumbre política con la presentación formal en el Congreso de un nuevo pedido de destitución para el presidente Pedro Pablo Kuczynski, el segundo en menos de tres meses, lo que abrirá un complejo proceso cuya resolución no está nada clara.

Hasta 28 congresistas opositores de partidos políticos de todo el arco parlamentario presentaron una moción contra el mandatario bajo el supuesto de "incapacidad moral" debido a sus vínculos con la empresa brasileña Odebrecht cuando era primer ministro y ministro de Economía bajo el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006).



Ahora esa moción deberá ser admitida por el pleno del Parlamento, y de cumplir con ese trámite, se fijará fecha para una sesión en la que se debatirá y votará la resolución.

De lograr una mayoría cualificada de 87 votos sobre 130 diputados, Kuczynski sería destituido y su puesto ocupado por el vicepresidente Martín Vizcarra.

El mandatario ya fue sometido a un proceso similar en diciembre pasado bajo unos argumentos similares, de los que se salvó gracias a que un bloque de diputados rebeldes del partido fujimorista Fuerza Popular liderados por Kenji Fujimori se abstuvo pese a las órdenes del partido de apoyar la destitución.

En esa fecha también fue clave la ausencia de diez diputados del partido izquierdista Nuevo Perú.



Tres meses después, las aritméticas parlamentarias y los intereses de los grupos políticos han cambiado radicalmente.

Tal es así que el resultado de esta iniciativa, considerada desde el Gobierno como "un golpe de Estado institucional", sea aún extraordinariamente incierta y conllevar implicaciones no solo para el Ejecutivo, sino para todos los partidos políticos implicados.

Desde la izquierda, los partidos Frente Amplio y Nuevo Perú, imprescindible para que Kuczynski se salvara la ocasión pasada, ahora han sido promovido la destitución con vigor.

El indulto que Kuczynski otorgó a expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, apenas tres días después de que Kenji, su hijo, lo salvara de la destitución es clave en esta postura.



Este asunto ha quedado ostensiblemente fuera de la petición de vacancia, que se ha centrado en la supuesta corrupción, si bien a nadie se le escapa que la izquierda, que en 2016 votó por Kuczynski precisamente para evitar un indulto, busca ahora resarcirse de lo que calificó como "una traición".

En cualquier caso, la clave para que en esta ocasión Kuczynski sea destituido pasará por lo que ocurra en el seno del fujimorismo enfrascado en una guerra civil entre los seguidores de Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y los de su hermano Kenji, cuya facción se ha escindido del partido y ahora apoya firmemente al presidente.

Keiko perdió así a 14 legisladores y quedó con 59, lejos de la mayoría absoluta con la que dirigía a su antojo el Parlamento hasta diciembre, y existe el temor de que pueda perder aun más si respalda la destitución del hombre responsable de liberar a su padre.

Si bien los parlamentarios fieles a Keiko se han mostrado muy beligerantes en contra de Kuczynski, como grupo se han quedado un tanto al margen del trámite parlamentario y solo decidieron apoyar la presentación de la moción, que no su aprobación, en el último minuto.



De hecho, Keiko optó por pedir públicamente a Kuczynski que dimita antes de ser destituido, con la promesa de respaldar a Vizcarra en el caso de que este tenga que ocupar la presidencia.

El estruendoso silencio de Vizcarra, y declaraciones de líderes fujimoristas de que están en contacto con él, han suscitado rumores de que éste aceptaría la presidencia y no dimitiría, como sí dijo que haría Mercedes Araóz, segunda vicepresidenta y siguiente en la línea de sucesión.

Este aspecto parece clave para convencer a los grupos minoritarios de la Cámara, como el Partido Aprista, Alianza para el Progreso o Acción Popular, cuyos votos serán claves de cara a una posible destitución y que se encuentran divididos sobre qué postura tomar.

Si Vizcarra aceptara ser presidente, estos partidos podrían aceptar el pedido de destitución dado que la inestabilidad se reduciría.



En caso de renuncia, la vacancia implicaría unas nuevas elecciones, lo que pondría en peligro la supervivencia política de estos grupos.

Ese miedo también afecta al fujimorismo, ya que dividido como está, con dos posibles candidatos opuestos en las figuras de Keiko y Kenji, unas elecciones en este momento sin lugar a dudas los debilitaría, como también los debilitaría lanzar un segundo ataque a la figura de Kuczynski y fracasar en el intento.

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