Bruno Sialelli despeja en pasarela las dudas sobre la resurrección de Lanvin

  • EFE -
Bruno Sialelli despeja en pasarela las dudas sobre la resurrección de Lanvin
París - El escepticismo afloraba este miércoles entre los especialistas de la moda, que asistían en París al regreso de Lanvin tras tres años de pesadilla para la marca. Sin embargo, su nuevo director creativo, Bruno Sialelli, logró despejar las dudas con una colección alabada por los invitados.

El francés, formado en el diseño de teatro y posteriormente junto al Balenciaga de Nicolas Ghesquière y el Loewe de Jonathan Anderson, supo dar a la colección un concepto que sirvió como terapia de electroshock a un Lanvin más que marchito.



Utilizando como marco el museo medieval de Cluny, en el centro del barrio latino de París, apostó por una silueta elegante y moderna, con pantalones vaporosos, amplios vestidos de seda estampados, superposición de volúmenes y una atractiva línea de marroquinería - hasta ahora el talón de Aquiles de la firma.

"Quería redefinir el armario de Lanvin. Empecé investigando los archivos y entendí que Jeanne Lanvin (la modista que creó la marca) era básicamente lo que hoy llamaríamos una mujer con estilo de vida. Ella empezó muy pronto a incluir 'looks' de día, de tarde, hacía ropa deportiva, muebles... Creo que es una reflexión muy válida para Lanvin hoy", dijo Sialelli a la prensa tras el desfile.

La colección, a juego con el museo, bebió de la estética medieval, que inspiró estampados de pergaminos sobre sedas en faldas asimétricas y botas de caña alta.

También hubo cierto folclore en capas de lana a cuadros, fajines de punto sobre conjuntos de camisa y pantalón, trencas masculinas, jerséis-vestido, faldas rectas hasta los tobillos con aperturas en la delantera y estampados aztecas.



Se percibió a simple vista la influencia de Loewe en Sialelli, de donde probablemente haya aprendido a valorar la marroquinería y a modernizarla con monederos que se llevan como bandoleras, riñoneras de piel, bolso de mano en forma de pera y botas planas, aptas para el día a día.

En la paleta de colores apenas salió de los neutros, con algunos toques de verde aguacate y rojo.

"Jeanne Lanvin era una exploradora , trabajaba mucho con la familia Hermès y como amigos viajaron por Egipto, Europa... De sus viajes siempre traía nuevos textiles como el cashmere e ideas para sus estampados y gráficos", dijo el diseñador.

Sialelli, que introdujo también estilismos para hombre moviéndose en los mismos códigos, ha sido el primer diseñador de Lanvin en crear simultáneamente una línea para él y para ella.



El equipo de diseño, que siempre mostró su cercanía con Elbaz y su disconformidad con su partida, parece estar entusiasmado con el nuevo proyecto, según Sialelli, que dijo sentirse "muy apoyado" y que no escapa a las polémicas de la "maison", adquirida en 2018 por el grupo chino Fosun por 120 millones de dólares.

Sialelli necesitará varias temporadas para afianzar este nuevo rumbo pero al menos parte de un equilibrio que no se veía en Lanvin desde los años del diseñador israelí Alber Elbaz.

Porque la firma más antigua de París, creada en 1889 por Jeanne Lanvin, cayó en desgracia en octubre de 2015 tras el despido del diseñador israelí Alber Elbaz, que durante quince años de éxitos había convertido la casa en un icono de elegancia.

La falta de entendimiento entre Elbaz y los propietarios hizo visible una crisis empresarial de la que aún no han levantado cabeza tras acumular pérdidas millonarias en los últimos años y encadenar la contratación de varios directores creativos sin rumbo fijo.



Pero tras tres años en caída libre -que han costado también la dimisión del diseñador de la línea masculina, Lucas Ossendrijver-, por primera vez la marca da señales de vida de la mano de Sialelli.

Oscura y minimalista fue en cambio la colección que presentó Guy Laroche en la pasarela para su línea otoño-invierno 2019/20, que fue un homenaje al fundador de la marca, fallecido hace treinta años.

Richard René, el director creativo, retomó un único estampado inspirado en el mármol negro que cubre la tumba del modista.

"Tiene un aire de costura pero no lo es, el efecto se consigue porque los tejidos son muy bonitos. Las prendas son finas, fluidas y simples, concebidas para chicas actuales", dijo René a Efe entre bambalinas.



Una silueta estilizada con vestidos de líneas rectas y ligeros plisados en las faldas, junto a amplias chaquetas masculinas y capas para la noche en doble crepé de lana y punto.

El punto más moderno lo pusieron las gafas de sol, una colección de diseños simples, mayoritariamente redondos, inspirados en las gafas de piloto. EFE

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