Estudio científico redefine creencias comunes sobre el origen de la intolerancia a la lactosa

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Estudio científico redefine creencias comunes sobre el origen de la intolerancia a la lactosa
Jarra y vaso con leche. Danko/Zoonar/picture alliance
Solo un tercio de los adultos no sufre intolerancia a la lactosa. Durante años, investigadores estuvieron convencidos de que los humanos toleraron la leche a través del consumo de la misma. Quizá estaban equivocados.

Hace unos 5.000 años, la mayoría de los humanos presentaba intolerancia a la lactosa. Un nuevo estudio, publicado este miércoles (27.07.2022) en la revista Nature, por la Universidad de Bristol y el Colegio Universitario de Londres, llega a la conclusión de que la habilidad de digerir la lactosa se volvió común casi 5.000 años después de que los humanos empezaran a consumir leche, unos 6.000 años antes de Cristo.



Con ayuda de nuevos métodos de modelos computarizados, los investigadores descubrieron que el consumo de leche no fue la razón por la que aumentó la tolerancia a la lactosa. "La leche no tuvo nada que ver", asegura el autor del estudio, Mark Thomas, del Colegio Universitario de Londres.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

Por lo general, todos los bebés pueden digerir la lactosa. No obstante, la mayoría pierde gradualmente esa habilidad cuando son destetados de la leche materna.

Hoy día, cerca de dos tercios de la gente tiene deficiencia de lactasa, es decir que no puede digerir la lactosa, el principal azúcar de la leche. Al no poder producir la enzima lactasa, el cuerpo no absorbe bien la lactosa y, en el colon, este azúcar es fermentado por bacterias, generando malestares como calambres, gases o diarrea. Estos síntomas se conocen como intolerancia a la lactosa.

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Resultados sorprendentes

Los resultados del estudio contradicen la creencia generalizada de que el consumo de productos lácteos de origen animal llevó a la evolución de una variante genética que les permitió a nuestros ancestros digerir la lactosa incluso después de la edad adulta.

Durante años, la industria láctea, médicos e incluso nutricionistas insistieron en los beneficios del consumo de productos lácteos como importantes suplementos de vitamina D y calcio, así como una buena fuente de agua no contaminada. No obstante, tras analizar una enorme cantidad de material de ADN e información médica de personas en Gran Bretaña, los investigadores llegaron a la conclusión de que la tolerancia a la lactosa tiene poco efecto en la salud de la gente o sus niveles de calcio, dice Thomas.

¿Cómo evolucionó la tolerancia a la lactosa?

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Thomas cuenta que alrededor del año 1.000 a. C. el número de humanos con capacidad de digerir lactosa, que está codificada en un gen, empezó a aumentar rápidamente. Tras descubrir que el consumo de leche no estaba relacionado con este incremento, los investigadores probaron dos hipótesis alternativas.

Una hipótesis es que, cuando los humanos comenzaron a estar expuestos a más patógenos, los síntomas de la intolerancia de lactosa combinados con los nuevos agentes infecciosos podían ser mortales.

Thomas señala que, en los últimos 10.000, los humanos estuvieron cada vez más expuestos a patógenos como consecuencia del incremento de la densidad poblacional y la creciente cercanía con los animales domésticos.

La segunda hipótesis tiene que ver con las hambrunas. Cuando las poblaciones prehistóricas intolerantes a la lactosa perdieron sus cosechas, la leche y los productos lácteos muchas veces fueron la única opción para alimentarse.

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"Si a una persona sana le da diarrea, puede ser vergonzoso. Pero si eres una persona desnutrida y te da diarrea, la probabilidad de que te mueras es alta", explica Thomas.

Con ayuda de métodos de modelos computarizados, los investigadores comprobaron que estas ideas explican mucho mejor la evolución de la persistencia de la enzima lactasa.

(vt/cp)

Esteban Pardo



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