Vino, bancarrota, industria: el curioso origen de las palabras alemanas

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Vino, bancarrota, industria: el curioso origen de las palabras alemanas
Uwe Zucchi/dpa/picture alliance
Los romanos enriquecieron el idioma alemán con palabras como vino y emperador. Del italiano, se tomaron prestados los términos capital y bancarrota. Un nuevo libro analiza en profundidad el origen de la lengua germana.

"El idioma alemán ha viajado mucho, está bien conectado y siempre al día. Además, es un ejemplo de integración lograda", se lee en el prólogo del libro "La extraordinaria historia de nuestras palabras" (Die außergewöhnliche Geschichte unserer Wörter), una obra de la editorial Duden que analiza el origen de la lengua alemana.



Germanos y romanos

Investigadores descubrieron que la lengua madre del idioma alemán nació en la región de Asia Menor, cerca del 8.000 a. C. En base a esta, se desarrolló el llamado indogermánico: hoy día, la mitad de la humanidad habla algún idioma que tiene sus orígenes en el indogermánico.

La lengua germana en sí se formó en el segundo milenio antes de Cristo, en el norte de Europa, donde diferentes pueblos conformaron un espacio cultural con lenguas similares.

En el periodo de las grandes migraciones, los germanos descubrieron la civilización romana, de la cual copiaron técnicas y otros logros culturales, incluidos los términos en latín.

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Del militar Gayo Julio César, que en el primer siglo a. C. conquistó las Galias, se tomó prestada la palabra "emperador" (Kaiser, en alemán, caeser, en latín). También los términos "muro" (Mauer, murus) y "ventana" (Fenster, fenestra) vienen del latín. A nivel culinario, los romanos introdujeron alimentos como la cereza (Kirsche, ceresia), la cebolla (Zwiebel, cepulla), el queso (Käse, caseus) y el vino (Wein, vinum).

A través del latín, también se adoptaron palabras del griego antiguo como iglesia (Kirche, kyriakón), biología (Biologie, de bios y logos) y gimnasio (gymnasium, gymnásion).

Dialectos, latín y relaciones comerciales

Mientras que los diferentes pueblos germanos hablaban dialectos como el franco, el alemánico o el bávaro, a nivel administrativo, así como en la Iglesia, se usaba exclusivamente el latín.

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En los siglos XV y XVI, se adoptaron muchas palabras del italiano, como consecuencia de las estrechas relaciones con comerciantes del sur de Europa: en el banco (Bank, banco: mesa larga del cambista) se empezó a depositar el capital (Kapital, capitale), y la gente esperaba nunca tener que declararse en bancarrota (Bankrott, banca rotta: mesa rota del cambista).

Por su parte, términos como el café (Kaffee), el alcohol (Alkohol) o el azúcar (Zucker) son productos del comercio con Oriente. En el siglo XVI, llegaron los primeros productos del continente americano, enriqueciendo la lengua germana con palabras como chocolate (Schokolade, chocólatl) o tomate (Tomate, tomatl).

Biblia alemana y costumbres francesas

Sin embargo, en ese tiempo, la traducción al alemán de la Biblia por parte de Martín Lutero, en 1522, tuvo el mayor impacto sobre el desarrollo del idioma germano. La invención de la imprenta ayudó a propagar la Biblia del reformista.

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Tras la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), Francia se consolidó como potencia europea, y el francés se volvió popular entre las clases pudientes. Solo los ciudadanos de a pie, los artesanos y los campesinos hablaban alemán. Con el uso de palabras francesas, trataban de parecer más cultos. Planta baja (Parterre), parqué (Parkett), guardarropa (Garderobe), caballero (Kavalier) y cita romántica (Rendezvous) son algunas de las palabras que ampliaron el vocabulario alemán.

Una nueva época

La revolución industrial aportó muchas nuevas creaciones idiomáticas. La palabra industria, por ejemplo, viene del francés y significa originalmente "empeño, actividad". El término "motor", por su parte, se deriva de la palabra latina para "mover".

Con el capitalismo, el idioma alemán adoptó términos como el comunismo (Kommunismus), proletariado (Proletariat) y socialismo (Sozialismus).



Un idioma unitario

Entre tanto, a falta de una nación propia, en tierras germanas fue creciendo el deseo por tener, por lo menos, un idioma unitario. Así, a principios del siglo XIX, se crearon las primeras cátedras de germanística en las universidades. Como orientación sirvieron, por ejemplo, el diccionario alemán de los Hermanos Grimm (1854) o el diccionario de gramática Duden (1880).

En 1933, los nacionalsocialistas llegaron al poder en Alemania e intentaron "borrar" todas las palabras extranjeras. Otras, como "pueblo" (Volk), fueron utilizadas ideológicamente.

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Tras la Segunda Guerra Mundial, se fundaron, en 1949, la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana. La división territorial también repercutió en el idioma: en la Alemania Occidental se admiraba el "American way of life", se trabajaba en la gestión empresarial (management), se usaba maquillaje (make-up) y se veían programas de televisión (show). En la Alemania Oriental, en cambio, la gente vacacionaba en su "Datsche" (del ruso: pequeña casa en el campo) y se copiaron términos ideológicos de la Unión Soviética como "pueblo hermano" (Brudervolk) o Muro de Protección Antifascista (Antifaschistischer Schutzwall) para referirse al Muro de Berlín.

Desde su caída, hasta los tiempos del reciclaje o la era de las computadoras: hasta la fecha, los desarrollos políticos, sociales y técnicos siguen reflejándose en el idioma alemán y enriqueciendo la lengua de Goethe.

(vt/ms)

Suzanne Cords



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