¿Es 'Omega' del español Enrique Morente el mejor disco flamenco de la historia?

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¿Es 'Omega' del español Enrique Morente el mejor disco flamenco de la historia?
© AFP 2021 / Diego Tuson
Este álbum del cantaor con Lagartija Nick, publicado en diciembre de 1996, dio una vuelta al género versionando a Leonard Cohen y usando poemas de Federico García Lorca.

Primero habría que preguntarse si es flamenco. Al revisar Omega, el disco de Enrique Morente con Lagartija Nick, hay momentos en que se duda de esa simple premisa. Guitarras, batería, palmas... Lo que se escucha es una composición repleta de matices, de instrumentos y géneros que pone en entredicho su propia esencia. Porque el álbum que sacó el cantaor granadino con un grupo de rock y las colaboraciones de Vicente Amigo, Tomatito o su hija Estrella es algo que no encaja en una simple etiqueta. Es la sublimación de un conjunto y de un proyecto heterodoxo, salvaje.



De ahí que, cuando se celebra el 25 aniversario de su lanzamiento, varios expertos hayan coincidido en que es el mejor disco flamenco de la historia. Su creación, su concepto y la fama posterior le otorgan esa categoría. Y aunque comparte el trono con otras composiciones anteriores, como La Leyenda del Tiempo de Camarón de la Isla (1979) o el Blues de la Frontera, de Pata Negra (1987), Omega resalta como algo innovador, que unió la lírica de Federico García Lorca con las letras de Leonard Cohen y dio un brinco a lo que se formulaba en ese momento.



Hay que ponerse, de hecho, en contexto. Son principios de la década de los noventa en Granada y la ciudad andaluza está en ebullición con bandas como 091 o Los Planetas. En la calle se escuchaban las palmas del Albaicín con las guitarras de lo indie, aún sin catalogar como tal. En ese magma creativo anda Enrique Morente, que ya ha puesto voz a los poemas de Federico García Lorca anteriormente y que, gracias a su biógrafo Alberto Manzano, se apropia de las sintonías de Leonard Cohen. En la mezcla entra Lagartija Nick, encabezado por Antonio Arias y Eric Jiménez.

Omega, como dice Santiago Auserón en el prólogo de un libro homónimo que recorre su "historia oral", "culmina un proceso de transformación cultural que se estaba preparando desde finales de los sesenta, desde el primer rock andaluz". "La emergencia de una cultura popular con ganas de aventura artística está llegando al punto de ebullición, haciendo bailar la tapa de la olla", agrega el músico, que recuerda la aproximación ancestral de Morente con el rock. Decía el cantaor que él siempre había querido ser rockero, pero "en aquella época se hacía lo que se podía".

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Con esa aproximación a los grupos emergentes de la escena granadina, el flamenco fue atrayendo a otros músicos de diferentes estilos. También rondaban por allí figuras del gremio como Cañizares o Montoyita. Entre todos concibieron un artefacto con trece canciones que transitan entre los versos del poeta de Fuente Vaqueros y el canadiense. A la introducción que da nombre al disco le suceden Pequeño vals vienés, Manhattan o una versión de Aleluya, donde se sobrepone el cante a los tambores y todo retumba como una orquesta barroca.

Aunque no tuvo al principio una gran acogida, Omega fue ganando adeptos con el tiempo. Llegó a contar con la ayuda de Sonic Youth en un directo y a programarse en el festival de Benicasim de 2008, culmen de lo moderno. Además, en años posteriores fue objeto de un documental o del mencionado libro de Bruno Galindo, editado por Lengua de Trapo. Para los seguidores, el álbum era un exponente de "defender lo que uno cree y piensa", como afirmaría más tarde Soleá, la otra hija del cantaor. Para Arias, fue un regalo que les dio "la inmortalidad".

Y por eso toca volver a la cuestión básica, que no es si representa o no uno de los hitos de la música española, sino si pertenece a un género concreto. "No me siento autorizado para decir qué es flamenco, pero sí para decir que con Omega le sale una rama nueva a ese gran árbol", apunta Galindo a Sputnik. Para el crítico musical, lo que fue clave en el disco fue "la distorsión". "Representa el espíritu de no tener miedo, de experimentar con otras músicas", añade Onésimo Hernández, director del documental Enrique Morente: buscando miradas.

"Cuando salió el disco, muchos consideraron que no lo era. La gente salió de la presentación muy crítica, muy extrañada. Pero Morente ya venía experimentando desde antes. Lo seguro es que fue un proyecto que le vino como anillo al dedo. Y lo importante es que hoy en día es considerado flamenco, porque tiene todos los palos y una base diferente", explica Hernández a Sputnik.

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Para este fanático de Morente, lo fundamental es que ha sido reconocido como flamenco y venerado en el gremio. "El avance está en lo que yo llamo los sonidos oscuros, la percusión. Un sonido que no tienen ni la Leyenda del tiempo ni el Blues de la frontera, que eran más dulces", opina. Su legado, apunta, se ve en producciones actuales como las de Rocío Márquez o en la unión de Niño de Elche y Toundra en Exquirla.

"Parte de sus estructuras o de los ritmos que utiliza están relacionados con el flamenco. Tienen un concepto de composición cercano al actual", comenta Niño de Elche a Sputnik.

"No es importante, para mí, el debate de si lo es o no. No tiene ningún tipo de relevancia", agrega el cantaor, que indica cómo "el flamenco ha sido un ente que siempre ha estado en conexiones con la música popular". "Sí es verdad que Omega abre una puerta para ciertas sonoridades que no se habían visto, como el rock de Lagartija Nick", concede el cantaor, que hace gala de una trayectoria dispar en la que entra desde la performance hasta la coalición con Los Planetas bajo el nombre de Fuerza Nueva: "Omega es un disco y un proceso que no ha calado en los flamencos actuales porque están bastante separados de esas fórmulas disonantes".



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Sobre el legado de Omega, hay una postura unánime: se acepta su influencia en artistas de todo pelaje y se mantiene su etiqueta como algo único. Tanto que hay ejemplos de obras en su línea, pero se duda de si hay alguna a la altura. No parece haber otro disco que lo supere. En el libro de Galindo, de hecho, hay un párrafo del periodista Borja Cassani que lo deja claro: "Omega ha llegado a ser un clásico por dos cosas: primero por la falta de ambición de la música española, es decir, que tiene pocos rivales. Luego está su empuje artístico, su ambición vanguardista".

Bruno Galindo retoma esta postura y alega: "No se le puede culpar a la falta de ambición de un sector que no haya habido un proyecto como Omega porque las grandes obras se deben a grandes artistas, no a sectores".

"En todo caso", puntualiza, "el legado es manifiesto". Asegura Galindo que "hoy hay múltiples proyectos que, aunque no tengan que ver estrictamente con Omega, son posibles —y son aceptados— gracias al trabajo previo de Morente". "Él pavimentó el camino, se lo puso más fácil a la actual juventud flamenca que hoy da a su trabajo matices electrónicos o urbanos sin tener que partirse la cara para explicar lo que están haciendo", zanja.

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