Gualberti: Cristo Resucitado nos llama a ser operadores de la paz y la reconciliación

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Gualberti: Cristo Resucitado nos llama a ser operadores de la paz y la reconciliación
Monseñor Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz. Foto/ASC
Al celebrar el Domingo de Pascua, el arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, afirmó que Cristo Resucitado nos llama operadores de la paz y la reconciliación ante las víctimas de la violencia, de la injusticia, de las divisiones y de los enfrentamientos y en todos los ámbitos donde hay dolor y exclusión.

Dijo que el Resucitado también “nos llama a ser operadores de paz, siendo solidarios con las personas que sufren en carne propia las consecuencias de la pandemia del Covid y con los que sufren la pobreza y la marginación”.

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Recuerda que el evangelio relata que el primer día de la semana, los apóstoles Pedro y Juan, alertados por María Magdalena, corren al sepulcro de Jesús. Pedro entra primero y lo encuentra vacío; las vendas mortuorias están puestas en su sitio y el sudario, que había cubierto su rostro, colocado aparte.

Señala que “hasta entonces no habían comprendido que, según la Escritura Jesús, debía resucitar de entre los muertos”. Manifestó que Jesús resucitado es el precioso legado de las primeras comunidades transmitida a las siguientes generaciones.

“Somos llamados a ser testigos de Jesús resucitado, a anunciar la Buena Noticia que ha cambiado para siempre la historia de la humanidad”, manifestó.

Indicó que, como discípulos de Jesús, tenemos la misión de ser testigos del cielo nuevo y la tierra nueva en el Resucitado, donde no hay ni luto ni lágrima, ni muerte ni tristeza, porque Dios será todo en todos.

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Dijo que por eso la esperanza del Resucitado, que está en nuestro corazón, nos preserva del egoísmo, nos conduce a la dicha de la caridad y nos hace acercar, con un sano optimismo y serenidad, a ser sus testigos en nuestra sociedad distraída, despreocupada de Dios y a menudo hostil, añadió.

Pidió a los católicos ser operadores de paz promoviendo la sacralidad de la vida y de la dignidad de toda persona, como el principio conductor para construir una sociedad en paz y de paz.