Villa Fiorito despide a Maradona y le da la bienvenida al mito

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Villa Fiorito despide a Maradona y le da la bienvenida al mito
Foto de archivo.
El barrio en el que nació y creció Diego Armando Maradona le despide al astro argentino entre los recuerdos de sus primeros pasos en el fútbol y de los mejores momentos de su gloria.
Fiorito es un barrio de casas bajas con pocos árboles, autos viejos y muchos carros estacionados de los que utilizan los cartoneros para trabajar. El sol pega fuerte en el mediodía en esta humilde zona de Lomas de Zamora, en la provincia de Buenos Aires. Pasa el camión de la basura con una bandera colgando que dice "Gracias, D10s" y el conductor toca la bocina. Los vecinos toman mate en la vereda mientras se cruza una camioneta pequeña que vende productos de almacén. Por un altoparlante, un señor anuncia: "huevos grandes, huevos chicos, huevos son huevos, señora". En este barrio pasó su infancia, hace 60 años, Diego Armando Maradona.

A unas cuadras de su primer hogar está la canchita (en rigor, se le dice "potrero") en donde Maradona jugó sus primeros partidos, cuando era un niño. El Club se llamaba Estrella Roja, hoy Estrella Unida. Era, y sigue siendo, una cancha de tierra. Ahí, bajo un techo de chapa, todos tienen una anécdota sobre la familia Maradona que contar. Están sentados frente a una parrilla prendida, beben gaseosa y cerveza, comparten un asado de pollo. Son locuaces hombres de sesenta años para arriba que se juntan cada viernes, con la diferencia de que hoy hay algunos periodistas queriendo conocer su historia. Y ellos la cuentan.



Entre ellos está Juan Roberto 'Bolanchón' Arias, un hombre oriundo de Santiago del Estero, que se mudó en 1964 al barrio. Cuenta que jugó en el Estrella Roja junto a Maradona. Cuenta también que el héroe en aquella época era otro muchacho, conocido como 'Patota' y muestra una foto de aquel equipo de la década del ‘70. También está el 'Cabezón Armando', administrador a sus 68 años de bufet del club. "Maradona era más bien casero, pero cuando iba a hacer los mandados agarraba una pelotita e iba al negocio haciendo jueguitos", dice mientras muestra varias fotos enmarcadas en la que se lo ve con Don Diego, el padre del futbolista.

Entre ambos cuentan que la canchita se mudó unos metros del lugar en el que estaba originalmente porque aquella manzana hace varios años fue loteada para que se construyeran casas. Tiempo después, hace pocos meses, en medio de lo más crudo de la pandemia esta cancha fue ocupada por gente que pretendió montar ahí mismo sus casillas. Fueron estos hombres los que los quitaron: "¡Esta es la cancha del Diego, estás loco si la vas a venir a tomar!", cuentan que les gritaban en la pelea.

Azamor, 523

A seis cuadras está la casa de Maradona. Es pequeña, sin absolutamente nada más que lo básico: el piso de afuera es de tierra, tiene una puerta y una ventana. Es una casa más, como todas. En la entrada tiene un altar improvisado que los vecinos y visitantes fueron construyendo a partir del pasado 25 de noviembre.



Ese miércoles, durante el día, hubo periodistas y curiosos. Pero todos coinciden en que la fiesta fue pasada la tarde, cuando llegó la música y se armó un asado improvisado. Fue una noche larga en la que hubo caravanas, murgas, vecinos, gente de la hinchada de Boca y también del club del barrio, Los Andes despidiendo a su ídolo.

Días después, en el número 523 de la calle Azamor sigue habiendo gente. Varias cámaras de medios locales, chinos, ingleses y brasileños. Un muchacho con la remera suplente de la selección alemana entra y sale de la casa. Habla con los medios siempre en estricto off the record. No quiere dar su nombre porque considera que la prensa tergiversa todo lo que él dice.

Hay un par de patrulleros en las esquinas que custodian. La gente se muestra respetuosa, un grupo de vecinos canta canciones de cancha en una esquina mientras comparte una cerveza. Los autos que pasan tocan la bocina y gritan: "¡Te quiero Diego!".

Hasta el miércoles, la casa era color azul. Pero ese mismo día, desde la municipalidad se acercaron para pintar la fachada y hacer un mural. Ahora se ve la cara de Maradona iluminada por un sol y una frase: "La casa de Dios". En medio de la confusión, la familia que vive ahí dejó en un primer momento a algunos visitantes pasar a sacarse fotos, pero luego frenaron todo por temor al contagio de COVID-19.



El 30 de octubre Maradona cumplió 60 años. Ese mismo día, el Concejo Deliberante decidió declarar Patrimonio Cultural de Lomas de Zamora a la casa donde el futbolista vivió desde que nació hasta que, en la década del 1970, se mudó a Capital para jugar en Argentinos Juniors. Pero los vecinos dicen que no alcanza, que la casa debería ser un museo.

La pobreza

La casa está a poco más de un kilómetro del Riachuelo, un río hipercontaminado que divide a la provincia de Buenos Aires de la Capital (la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). La mayoría de las calles están asfaltadas, pero no todas. Las cloacas llegan a la casa donde se crió Maradona desde diciembre.

El barrio es pobre y una de las salidas laborales más común para los vecinos es salir a cartonear. Es decir, ir por las noches en carritos a revolver la basura de Capital para ver qué se puede aprovechar. Natalia Zaracho se crió en Fiorito y a sus 30 años es una de las referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), un sector que nació a raíz de la grave crisis social económica y política que vivió Argentina en 2001. "El sistema de reciclado está funcionando dos veces por semana por protocolo de COVID en Capital. Así que los compañeros salen por el barrio a juntar el material porque de algo tienen que vivir. La mayoría son trabajadores de la economía popular, se la rebuscan con changas o en ferias", señala.



Las carencias son visibles: la mayoría de las casas no están terminadas y muchas de ellas son de chapa. La muerte de Maradona, confían muchos de ellos, quizá pueda convertir a la zona en un polo de atracciones que, tal vez, podría cambiarle la cara al barrio. Pero todo esto, por ahora, no son más que especulaciones.

Hasta su muerte, en el barrio la figura de Maradona no estaba muy presente. Según Zaracho: "A veces, en Fiorito naturalizamos las cosas, no tenemos dimensión. Se pierde la memoria por no contar la historia. Pero para nosotros es un orgullo, Fiorito es conocido en el mundo por él. Tuvo la oportunidad de codearse con los poderosos y siempre eligió quedarse de este lado".

(lgc)

Diego González



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