Asesinato de Kim Jong-nam y misil norcoreano cargan de tensión la frontera

  • EFE -
Panmunjom (Corea del Norte) - El reciente lanzamiento de un misil y el asesinato sin esclarecer del hermano del líder Kim Jong-un han conseguido disparar más aún la tensión entre las dos Coreas, como se podía percibir hoy en su fortificada frontera.

A pesar del ambiente enrarecido por el mal momento que viven las relaciones Pyongyang-Seúl, un grupo de turistas de Noruega, China o Estados Unidos visitaba hoy desde Corea del Norte la zona desmilitarizada (DMZ), la franja de cuatro kilómetros de ancho plagada de minas y patrullada por tropas que separa desde 1945 a los dos países.

Nada más acceder se divisan las dos enormes banderas que cada país plantó en los márgenes de la DMZ en lo que supone un desmesurado concurso propagandístico para ver quién alza la enseña más grande y el mástil más alto (el Sur levantó uno de 90 metros y el Norte respondió con uno de 160 que hasta 2010 fue el más elevado del mundo).

Tras recibir instrucciones de un soldado del Ejército Popular de Corea a través de una intérprete, los grupos de visitantes acceden a la "Zona de Seguridad Conjunta", el único punto de la DMZ en el que militares de los dos países tienen contacto directo.

Como viene siendo habitual en los últimos años, cuando Norte o Sur traen a un grupo de visitantes se ausentan los efectivos del bando contrario apostados a lo largo de la línea que literalmente separa ambos países y que está prohibido cruzar.

Así, los soldados del Norte montaron hoy guardia ellos solos, en lo que parece más bien una suerte de monólogo sobre un decorado en el que a los dos países, que viven su peor momento de relaciones en años, les encanta escenificar con solemnidad teatral el drama de su división.

En todo caso, la "función" de hoy se produce solo un día después de que el Gobierno de Seúl, que ha acusado a Pyongyang del crimen, anunciara que activará sus altavoces propagandísticos instalados principalmente en la frontera para notificar el asesinato de Kim Jong-nam "al pueblo y a los soldados norcoreanos".

En Corea del Norte continúo hoy el mutismo absoluto en torno a la muerte en Malasia del medio hermano del líder y primogénito de Kim Jong-il, que gobernó desde 1994 hasta su fallecimiento en 2011.

Y es poco probable que esto cambie, puesto que la propia existencia de Kim Jong-nam nunca fue notificada públicamente por los medios estatales.

Más allá de las herméticas fronteras del país estalinista, la policía malasia señaló hoy que realizará una prueba de ADN al cadáver para confirmar su identidad antes de entregar el cuerpo a Pyongyang, mientras solicitó más tiempo para investigar el enrevesado caso.

El viceprimer ministro de Malasia, Zahid Hamidi, calificó de "especulación" el que el régimen norcoreano se encuentre detrás de la muerte de Kim, en relación a la cual hay tres detenidos por los cuerpos de seguridad locales, que esperan practicar más arrestos en conexión con el suceso.

Al margen del novelesco caso, la tirantez en las relaciones entre Seúl y Pyongyang no solo puede palparse en la DMZ, también en el cercano complejo industrial intercoreano de Kaesong, que se encuentra a solo 4,5 kilómetros.

El Gobierno surcoreano decidió cerrarlo hace justo un año a raíz de las repetidas pruebas armamentísticas del régimen Juché, al que acusó de apropiarse de los salarios de sus trabajadores para desviarlo a sus programas nuclear y de misiles.

El polígono de Kaesong, símbolo del acercamiento entre las dos Coreas de la pasada década, es un parque industrial en el que las empresas surcoreanas fabricaban diversos productos aprovechando la mano de obra barata de unos 54.000 operarios del Norte.

A esto se suma ahora el lanzamiento, el pasado 12 de febrero, de un misil de medio alcance por parte de Pyongyang que ha encrespado más a Seúl, que considera la acción una "provocación".

Lejos de estimarlo así, los ciudadanos norcoreanos continúan congratulándose estos días por el éxito de la prueba balística.

"Esta no es un arma para atacar a otros, sino para defendernos, y creo que el pueblo está contento porque nuestra capacidad de autodefensa se ve fortalecida", comentó a Efe en este sentido Hwang Ok-bun, traductora de 22 años que trabaja en Pyongyang.

Recomendado