La crisis económica y el bloqueo acaban con el último zoo de Gaza

  • EFE -
La crisis económica y el bloqueo que Israel y Egipto imponen a la franja palestina de Gaza han acabado con su último zoológico, ofertado a la venta oficialmente por la imposibilidad de sus dueños de seguir alimentando a los animales.

Abierto en 1999 por los hermanos Ibrahim y Mohamed Juma en el sur de la que entonces era una floreciente Gaza, impulsada por el proceso de paz iniciado en Oslo seis años antes, el pequeño zoo ha sucumbido finalmente a la realidad política de la zona.

La razón es que en la crítica situación económica de la franja, bajo bloqueo israelí desde que la gobierna el movimiento islamista Hamás (2007), y más recientemente también el de Egipto, las partidas familiares para recreación y cultura no son precisamente una prioridad.

"Por estas razones el número de visitantes ha ido decayendo en los últimos meses y somos incapaces de seguir financiando el zoo", reconoció a Efe Mohamed Juma, de 54 años y más conocido como Abu Yehya.

El mantenimiento de este pequeño zoológico, ubicado a las afueras de Rafah, y de los otros seis que llegó a haber en la franja, se había convertido ya en una auténtica quimera a raíz de las distintas ofensivas militares israelíes, que causaron daños a infraestructuras y mataron a muchos animales.

El último en ser cerrado, el de la vecina Jan Yunes, era conocido como "el peor zoo del mundo" por disecar los animales que se les morían para poder continuar exhibiéndolos, y en agosto pasado los que aún quedaban con vida fueron transferidos a otros países con la ayuda de una organización internacional.

Mohamed se queja de que nadie le ha compensado por las pérdidas sufridas en las tres guerras habidas desde 2008 y que, cuando ya acude a las instituciones oficiales, los funcionarios se lo quitan de encima alegando que: "son los países donantes los que compensan por aves y animales".

Destartalado, con jaulas apelotonadas, sin espacios verdes y notoriamente árido, el zoológico es aún hogar de 60 animales, 35 de ellos aves, que también podrían acabar fuera de Gaza si no surge ningún inversor.

Ibrahim Juma explica que alimentar a los animales cuesta alrededor de 1.000 shékels diarios (unos 250 euros o 260 dólares), un dinero con el que no cuentan por el drástico descenso de visitantes.

En los días de bonanza, hace dieciocho años, cientos de personas solían visitar el zoo a diario para ver a sus leones, monos, avestruces, hienas y ciervos; hoy apenas lo hace un puñado personas.

"Es muy triste tener que vender los animales con los que he pasado tantos años, a los que he alimentado, lavado y cuidado", declara por su parte el cuidador Ahmed Abu More, para quien "la prioridad" de las familias en estos momentos es "mantener a sus hijos y no financiar entretenimientos".

Abu More no está convencido de que vaya a salir algún comprador, porque "las duras condiciones en Gaza hacen difícil para cualquier inversor financiar un proyecto de esta naturaleza".

Y es que, con niveles de pobreza que afectan al 54 por ciento de una población de dos millones de personas y una tasa del desempleo del 55 por ciento, el casi simbólico precio de la entrada, 7 shekels para adultos y 3 para los niños (1,8 y 0,8 dólares respectivamente), sencillamente es inaccesible para muchos.

Ello a pesar de que zoológicos, parques y playas son casi los únicos lugares de entretenimiento que tienen los palestinos de la bloqueada Gaza.

Mohamed recuerda que en la guerra con Israel de 2009 muchos de sus animales más extraordinarios murieron y los tanques y excavadoras israelíes arrollaron partes enteras del zoo.

La de 2014 le costó 60.000 dólares y sus deudas han superado desde entonces los 100.000.

"Hace seis meses me vi obligado a vender dos leones, doce monos y dos tortugas al zoo de Tulkarem (en Cisjordania)", señala este propietario sobre el incierto futuro de su zoo, que también expone animales disecados muertos por falta de cuidados o malnutrición.

Mientras esperan a un inversor, el último rayo de esperanza de sus propietarios está en la fundación internacional "Four Paws", que ya ha ayudado a otros zoos de Gaza a rescatar y transferir sus animales a otros países.

A Ibrahim le gustaría no obstante que los suyos no corran la misma suerte, y que le presten ayuda financiera para mantener el zoo abierto.

"Realmente nos duele venderlo. Lo que queremos es encontrar una organización que nos ayude a mantenerlo abierto y atraer más visitantes", sostiene.